—Gracias á Dios que pensais así.
—Y esto á pesar de que yo veia el particular empeño que en esa fundacion tenia vuestra madrina, mi señora Doña Beatriz, con quien sabeis que tengo designio de casarme, ¿os agradaria?
—Sí, hermano mio.
—Pues bien, hablaremos de eso mas adelante; por ahora os acabaré de decir á lo que mi visita viene.
—Decid, que os escucho.
—He pensado, pues tan clara ha sido la voluntad del Señor, para que se lleve á efecto la fundacion del convento de Santa Teresa, que para descargo de mi conciencia necesito hacer algo por mi parte, en auxilio de tan santo fin.
—Muy cambiado os miro.
—Así es en efecto, y no creo sino que Dios con su infinita misericordia ha tocado mi corazon; pero necesito que vos seais mi intercesora, quiero hacer una donacion en reales al nuevo monasterio.
—Cuánto placer me dais en eso, y cuánto recibirá mi madrina.
—Pero es necesario que esta donacion seais vos la que la presenteis.