—Madre—dijo Don Cesar—perdonadme que os detenga, pero si no lo tomais á mal os preguntaré si podré yo sin ofenderos, ofreceros una limosna que cada mes me he impuesto por devocion dar.
—La humildad que debo imitar de mi Padre San Francisco, me obligaria á aceptar vuestra limosna.
—Entonces tomadla—dijo Don Cesar—dando á la señora Cleofas un puñado de monedas.
—Dios y mi Padre San Francisco os premiarán; ¿cómo os llamais?
En este momento habia llegado la carroza y bajaba de ella Doña Blanca radiante de hermosura. Don Cesar la vió y su corazon se agitó con violencia: ¿seria la muger que esperaba? esto hubiera sido su mayor felicidad; fijó sus ojos ardientes en Blanca, y dijo con marcada intencion y en voz alta:
—Me llamo Don Cesar de Villaclara.
Doña Blanca miró á Don Cesar hablando con Cleofas, y pensó inmediatamente que aquel era el hombre que la amaba.
Don Cesar correspondia al ideal que Blanca se habia formado escuchando á la beata.
Habia pronunciado su nombre con marcada intencion, y además, le habia simpatizado á primera vista. Luego era él.
Lógica de enamorados.