Don Alonso la esperaba. Cleofas no habia leido lo que escribió la dama, y creyó que le devolvia la carta.
—Mal estamos—le dijo—me volvió vuestra carta.
—Sin leerla.
—Eso sí no lo sé.
—Dádmela para romperla—dijo Don Alonso—mas valia no haberme dado tan risueñas esperanzas.
—No fué culpa mia, que os dije la verdad.
Don Alonso tomó la carta para romperla, y la dividió por la mitad, iba á seguir haciéndola pedazos, cuando notó las letras de Blanca, leyó, y dió un grito de placer.
—¿Qué hay?—dijo la beata.
—¿Qué ha de haber? que me ama, mirad, y yo que iba á romper esta carta, vamos, soy feliz, este negocio que creia tan dificil es hecho, hecho; y ahora sí ya no tengo para qué volver á pensar en la fundacion del convento de Santa Teresa.