—Lugar es este en que no podemos esplicarnos; salid:
—Pero, señora.
—Os lo ruega una dama..........
—Pues salgamos.
Y Don Cesar salió de la iglesia siguiendo á Luisa, con no poco escándalo de los fieles que lo advirtieron, y que conocian á la dama.
—Afectais aún no comprenderme—dijo Luisa cuando estuvieron en la calle.
—Por mi fé de caballero que no os comprendo, señora.
—¡Ah, Don Cesar! Mal hace una dama en fiar su honra á persona que no conoce.
—Señora, me insultais sin yo merecerlo.
—¿No lo mereceis? Y os miro requiriendo de amores á una dama, cuando anoche en mi reja me habeis jurado amor y fidelidad.