—Le he visto—le dijo.
—¿A quién?—preguntó la beata.
—Cómo á quién, á él.
—¿A él? Si no ha venido.
—Sí, que ha venido, y me ha hablado.
—No lo creais.
—Miradle, allí está—dijo Blanca, señalando á Don Cesar.
—No le veo—contestó la beata, creyendo que trataba de Don Alonso de Rivera.
—Allí está parado, miradle, ahora vuelve el rostro.
—Estais equivocada: ese es Don Cesar de Villaclara.