—¿Me permitireis que os ayude á subir?—dijo.
—Caballero—contestó Blanca con indignacion—no sé con qué derecho os atreveis.........
—Señora, yo creia—murmuró Don Cesar.
—Hacedme la gracia de retiraros.
Don Cesar se retiró, y el carruaje partió lijero.
El jóven tenia aún esperanza de ver asomarse por la portezuela el rostro de Blanca, pero nada.
—¿Qué tiene esa señora?—preguntó á la beata.
—Lo ignoro—contestó Cleofas.
—¿La conoceis vos?
—Y bien.