—Haced lo que os plazca mejor, ¿pero me dais vuestra palabra de volver pronto?
—Es mi mayor anhelo.
—Entonces os doy licencia de salir, pero antes tomad—y estampó un beso en los labios de Arellano.
Don Cárlos tiene algo—dijo cuando quedó sola—algo grave y que trata de ocultarme; veremos si lo descubro.
Y saliendo violentamente dió órden á un lacayo de seguir á Arellano hasta donde fuese, y volver con una exacta razon.
El lacayo volvió diciendo que Arellano habia entrado á su casa, y no mas.
Él habia dicho á Luisa que iba á palacio, y esto no era cierto, las sospechas de aquella muger comenzaban á tomar cuerpo: ¿tendria él otros amores?
Luisa estuvo inquieta toda la tarde, tenia ya comprometida su boda con Mejía, y sin embargo una falta de Arellano la preocupaba: era que aquella muger amaba, sin ser correspondida á Don Cesar, y necesitaba ahogar su pena con la disipacion.
En la noche Arellano llegó mas alegre que nunca y mas amable con Luisa, y conversó con ella sobre cosas indiferentes, pero festivas, hasta que la aguja de su reloj marcó las once.
—Hora es de retirarse—dijo.