—Vos sin duda lo conoceis.

—¿Yo? preguntó Don Alonso, resuelto ya á todo supuesto que todo estaba descubierto.

—Sí, Don Cesar de Villaclara.

—¿Qué me decís?

—Lo que habeis oido: Don Cesar es el amante de Blanca. Luisa les ha sorprendido en una conversacion amorosa.

—Esto es increible—pensaba Don Alonso—Beata de los infiernos, por segunda vez me la pegas; pero yo me vengaré de tí.

—Y bien, ¿qué pensais?—dijo Mejía.

—Que dos hombres deben á toda costa desaparecer de la tierra, Don Cesar de Villaclara y Don Fernando de Quesada: se interesa en ello nuestro honor y nuestra felicidad.

—Soy de vuestra opinion; pero debe ser pronto.

—Sí, pronto, y será.