Un momento despues Don Alonso caía atravesado de una estocada, gritando:
—Confesion, confesion.
—Huid, D. Cesar—dijo la beata—huid, aun es tiempo, salid de la ciudad; mirad que habeis muerto á D. Alonso de Rivera.
El jóven sin esperar mas salió de la casa.
—Cleofas, Cleofas—dijo el herido.
—Señorito—dijo Cleofas.
—Mira, acércate antes que pidas auxilio, óyeme un secreto por si muriere.
—Decid.
—Arrodíllate aquí, acércate.
La beata se arrodilló.