—Pagaré bien.
—Probaré á encontrar un arbitrio, volvod dentro de cuatro dias.
—Está bien, y pensad en que esto puede haceros rica.
—Descuidad.
Don Pedro salió, y la bruja se puso á meditar; á las diez de la noche tomó un manto de lana negro, hizo una seña al sordo-mudo para que la siguiese, y cerrando su casa se puso en marcha con direccion á las calles del Factor.
El sordo-mudo llevaba un farolillo y seguia á la bruja, y así llegaron hasta una casa que habia en la calle del Factor, á la que llamó la vieja con mucha prudencia.
La puerta se abrió y la Sarmiento penetró en la sala en que hemos visto á Martin y á María al comenzar este capítulo.
Los dos jóvenes estaban como les hemos descrito, sentados amorosamente el uno al lado del otro.
La entrada de la Sarmiento fué para ambos una sorpresa. María se quedó sentada, pero Martin se paró precipitadamente como para defenderla.
Era la primera vez que la bruja penetraba allí.