Luisa observó un dia que mientras ella cortaba unas flores, el jardinero la contemplaba arrobado, dejó entonces olvidada una rosa, y á poco él vino y la levantó con respeto y la besó.

—Bueno—pensó Luisa—este hombre me sacará de aquí, ya es mio.

Y como al descuido, dirijió á Presentacion una mirada que hizo ruborizarse hasta la punta de los cabellos al pobre muchacho.

En todo aquel dia Presentacion no hizo nada bueno; se puso á regar y se quedó tan pensativo, que el agua inundó los sembrados, porque no se acordó de cortarla, y equivocó todo lo que tenia que hacer, y por fin en la tarde se salió de la casa sin concluir su tarea diaria.

En un pequeño jacal vivia un viejo que parecia pertenecer á la raza española pura, pero estaba tan miserable y tan abyecto, que nadie trataba con él: era cojo, no porque le faltara ninguna de las dos piernas, sino porque las tenia torcidas y débiles; las gentes del país le llamaban El Ñor Chema, y se decia por allí que el Ñor Chema era nahual.

Los nahuales son los compañeros de las brujas que saben hechizar, que se convierten por las noches en perros, en guajolotes, en lobos, &c., que como las brujas, atraviesan por los campos volando en las noches oscuras convertidos en globos de fuego, y dejando escuchar ruidosas y alegres carcajadas, y que luego se introducen á las casas y chupan la sangre de los niños.

Estos son los nahuales y las brujas en las leyendas y en las tradiciones del campo, que no han llegado á desaparecer completamente á pesar de los adelantos de la civilizacion.

El Ñor Chema estaba declarado nahual, y en esto no habia remedio, que una declaracion así era bastante para que la cosa se tuviera en aquellos tiempos como artículo de fé.

Rasgos maravillosos se contaban de él; quien, le habia visto entrar al cementerio en figura de un gato (reconociéndole sin duda por su buena educacion), quien atravesar una noche en los aires por encima del tejado de la casa, llevando entre sus brazos á un niño que lloraba, y quien le habia oido esclamar, como se contaba entonces que decian las brujas:—«Sin Dios y sin Santa María»—y convertido en el instante en un globo de fuego rojo, escapar por la ventana, riéndose sin duda de su misma habilidad.

Lo cierto es que aquel hombre no tenia relaciones en el pueblo, todos le miraban con terror, los chicos huian de él, y por las noches nadie pasaba á cien varas siquiera de su casa sin hacer la señal de la cruz.