Pero Ñor Chema de nadie hacia caso, y vivia con tanta tranquilidad, como si el mundo no se ocupara de él, y como si no hubiera en el mundo un tribunal que se llamaba la Inquisicion.
Es verdad que llegó á tanto la fama de Ñor Chema, que una vez se alarmó el Santo Oficio, y llegó á su jacal un comisario con dos alguaciles; todo el pueblo se alborotó porque creyeron que habria una novedad, y se pusieron todos en observacion; pero el comisario entró á la casa de Ñor Chema y se estuvo allí un largo rato, saliendo despues y retirándose sin meterse mas con el nahual.
La gente al principio se escandalizó de esto, pero al fin se calmaron los ánimos, porque los mas sabiondos del pueblo dijeron—que el Ñor Chema sin duda ejercia la mágica blanca y no la negra, y tal vez con privilegio del Santo Oficio.
Una tarde Presentacion se encaminó al jacal de Chema y llegó hasta la puerta; vaciló entonces, pero el viejo le habia visto, le habló, y le fué ya preciso entrar.
—Buenas tardes, Ñor Chema.
—¿Qué andas buscando por aquí?
—La verdad, Ñor Chema, yo venia á veros.
—¿A verme? ¿Y para qué querias verme?
—Pues la verdad—decia Presentacion rascando con una uña la pared y sin despegar la vista de allí—porque estoy enamorado.
—Y bien, ¿qué tengo yo que ver con eso?