—Que quiero que me deis un chupamirto—y Presentacion seguia rascando la pared.

—¿Pero es posible, hijo mio, que tú tambien creas que yo tengo algo de brujo?

—Yo no sé: lo que sé es, que si quereis podeis darme un chupamirto, que ningun trabajo os costará, y yo no dejaré de recompensaros.

—Ya te digo que no tengo ningun animal de esos, que tú lo puedes tomar en el campo á la hora que quieras.........

—Pero, ¿será lo mismo el que lo coja yo?

—Sí, anda.

—Entonces está bien: ¿conque es lo mismo?

—Sí, exactamente.

Al dia siguiente habia matado uno de los lindos chuparosas que volaban por el jardin, y lo habia envuelto cuidadosamente en una bolsa de lienzo y lo traia en la cintura, porque en aquellos tiempos el cadáver de ese pajarito era, segun la opinion general, un remedio eficaz para ser querido de todas las mugeres bonitas.

Y parece que la casualidad se empeñaba en probar que aquello era cierto. Presentacion cada dia iba ganando mas en el afecto de Luisa, segun las muestras de cariño que ella le prodigaba, y que él no podia atribuir á otra cosa mas que á la benéfica influencia del chupamirto.