—Mira, me asomaré por aquella ventana á las oraciones, si pasas y me das las buenas noches, es señal de que no has podido arreglar nada, si por el contrario no me hablas, es señal de que todo está preparado y entonces á media noche me esperas en este lugar.

—Muy bien.

—¡Ah! ¿podrás proporcionarme un traje de hombre? Aquí tienes dinero para todo.

—Le haré traer de México.

—Silencio, y hasta pasado mañana; el traje aquí tambien á la media noche.

Llegaron las oraciones de la noche del dia fijado por Luisa, y Presentacion comenzó á rondar por el jardin frente á la ventana hasta que la vió aparecer: se acercó mucho á ella y pasó por allí silenciosamente; todo estaba listo.

Luisa estaba á las once de la noche en el jardin: entre los rosales divisó un bulto y se dirijió á él; era Presentacion que temblaba como un niño.

—¡Cobarde! ¿Por qué tiemblas?—dijo Luisa que estaba enteramente serena.—¿Trajiste la ropa?

—Sí señora.

—Dámela y espérame aquí mientras voy á vestirme.