Anselmo y el Ahuizote se acercaron al Bachiller y le tomaron entre los dos, la vieja con un farol guiaba y descendieron así la escalera del subterráneo, solo que esta vez, no siguieron de frente como habia visto siempre Martin, sino que tomaron á la izquierda, y la bruja abrió una puerta sumamente gruesa y pesada, y penetró á otra bóveda en la que habia algunas camas y jergones en desorden.
La Sarmiento puso en el suelo la luz, arregló uno de aquellos lechos, y allí colocaron á Martin sus conductores.
La bruja le quitó la mordaza que lo fatigaba, dejó la luz en el suelo y salió seguida del Ahuizote.
El sordo-mudo se sentó sobre un cajon al lado de Martin y á poco comenzó á dormitar.........
El Bachiller á pesar de sus ligaduras y de su desesperacion, llegó á dormirse, y durmió mucho, pero á él le pareció un instante, porque al abrir los ojos el mismo candil ardia puesto en el suelo y Anselmo dormitaba en el mismo lugar, y sin embargo, habian pasado seis horas.
Martin estaba completamente calmado y comprendió que le habia ido mejor con la agarrotada que le habian dado la bruja y el Ahuizote, que si se hubiera ido á denunciar voluntariamente, y casi, casi, comenzó á agradecérselos. Pero ya se sentia muy incómodo y deseaba que llegara la Sarmiento.
Como aunque hubiera gritado mucho no habria logrado hacerse oir de Anselmo, determinó esperar con paciencia hasta que él le viese, para poder hacerle aunque fuese con la cabeza una seña.
Anselmo no se hizo esperar, volvió la vista, miró que Martin se movia, y se levantó inmediatamente y salió.
El Bachiller quedó pensando qué iria á hacer el mudo.
A poco la puerta volvió á abrirse y se presentó la Sarmiento.