—Buenos dias, señor Bachiller—le dijo—¿qué tal os sentís?
—Bien, pero me incomodan mucho, me lastiman estas ligaduras.
—Os libraré de ellas si estáis ya mas calmado y no pensais en la locura de iros á denunciar.
—De ninguna manera, que con un corto rato que he dormido, estoy completamente variado.
—¡Eh, si habeis roncado como seis horas! ¿y llamáis á eso corto rato?—esclamó la vieja comenzando á desatar á Martin.
—Seis horas—decia Martin, estendiendo los brazos con deleite, ¿pues qué horas serán?
—Son como las siete de la mañana.
—¿Y tan oscuro?
—¿Olvidais que este es un subterráneo?
—Es cierto, y ¿podré salir de aquí?