—No, no me pareceria prudente hasta no saber lo que se dice en la ciudad respecto á lo pasado anoche, y entonces ya podreis libremente pasearos si la razón es buena, y largaros si es mala.
—Me parece muy bien, ¿sabeis que tengo hambre?
—Anselmo os traerá pronto el desayuno.
—Pero no vayais á mezclarle algunos de vuestros infernales menjurges.
—Si yo tuviera malas intenciones contra vos, ¿quién me impedia haberos despachado anoche, que os tenia entre mis manos como un corderito, y que nadie os habia visto entrar? no seais desconfiado, ni insulteis de esa manera á los buenos amigos.
Martin se desayunó con grande apetito.
En la tarde llegó el Ahuizote, contando la prision de la criada de María, sin decir nada de esta, y refiriendo las activas pesquisas de la justicia, y se acordó entre los tres que Martin seguiria escondido hasta ver el resultado que tenian aquellas indagaciones.
Así se pasaron muchos días, sin atreverse el Bachiller á salir á la calle, y viviendo en la casa de la Sarmiento.
Una madrugada oyó la bruja golpes repetidos en la puerta, y el corazón le dió como ella decía, una vuelta; levantóse precipitadamente, y acudió á abrir.
—Buenos dias—dijo entrándose bruscamente un joven, casi un niño, hermoso y elegantemente vestido.