—¡Ah!—volvió á esclamar.

—¿Qué?

—Ya caigo—dijo acercándose y hablando muy bajo—La señora Doña Luisa.

—La misma—dijo Luisa.

—¿Pero á esta hora? ¿en ese traje?

—Las circunstancias lo exigian así, por ahora, necesito en primer lugar que me deis posada esta noche y mañana durante todo el dia.

—Pero si.........

—No hay disculpa, que siempre te he pagado muy bien: en segundo lugar, que para mañana en la noche me tengas preparadas saya y tocas negras de viuda, y en tercer lugar, que mañana en la noche esté aquí el Ahuizote: ¿lo entiendes?

—Sí, Doña Luisa.

—Pagaré como de costumbre; comenzaremos por lo primero: ¿á dónde me acuesto, que estoy sumamente cansada?