—Pues si os place, en mi mismo aposento, y en la cama que era de María.
—¿Qué le sucedió á esa muchacha?
—Se huyó de aquí sin saberse con quién.
—Muy bien hizo.
—La trataba yo como cuerpo de rey.
—Pero no querria estar en casa, á donde tan de continuo visita el diablo; vamos, despachad.
La bruja condujo á Luisa á su aposento y le mostró la cama que habia sido de María.
Luisa se tendió en ella sin desnudarse, y poco después su respiración dulce y tranquila indicaba que dormia.
Durante todo el dia siguiente el Bachiller, advertido por la Sarmiento, no salió de su escondite.
Luisa llamó en la tarde á la bruja.