—¿Pero en qué puedo ahora seros útil—dijo Mejía queriendo cortar aquella conversacion, y saber definitivamente cuáles eran las intenciones de Luisa?

—Vengo nada mas á preguntaros, ¿para cuándo habeis fijado el dia de nuestra boda?

—¿De nuestra boda?—preguntó Mejía haciendo un gesto de disgusto—¿aun insistís en eso?

—¿Que si aun insisto? pues qué olvidais que tengo una formal promesa vuestra?

—¿Y si yo me resistiera á llevarla á efecto?

—No creo que lo hiciérais.

—Por qué, ¿no estoy en mi derecho?

—En ese caso yo me presentaria pidiendo justicia, y os obligarian á casaros.

—O no, que mi obligacion no puede subsistir cuando habeis desaparecido por tanto tiempo, sin saber yo á dónde habeis ido.

—Probaria yo que he estado en un convento.