—Bien, veremos quién obtiene la palma; os advierto, señora, que haré uso de todo mi influjo.
—Admito el desafio, y os advierto á mi vez tambien, que será entonces necesario que la Audiencia y el Santo Oficio sepan vuestras relaciones con la bruja Sarmiento, y vuestro participio en el negocio de la muerte de Don Fernando de Quesada.
—¿Qué decís?—esclamó espantado Mejía.
—Nada, os indicaba lo que pudiera descubrirse en el caso de que tengamos que llegar hasta la justicia.
—¿Pero vos cómo sabeis?
—Yo sé mas de lo que podeis vos suponeros, y lo probaré.
—¡Luisa!
—Me retiro—dijo Luisa levantándose de su asiento.
—Esperad, esperad un momento, hablaremos.
—Decid, que es ya tarde.