—¿No habria una manera de que quedásemos en paz?
—Sí la hay, y muy fácil.
—¿Y cuál es? decidla.
—Casaos conmigo.
—¡Pero Luisa!
—No retrocedo.
—¿Habeis traido el documento que os otorgué?
—No, pero si quereis volver á verle convendreis en que no os deja arbitrio, está puesto por un escribano.
—¿Quereis que aplacemos para mañana la conversacion?
—Sí.