—Saber quiénes son los culpables de la muerte de Don Fernando de Quesada, y de la desgracia de mi ama Doña Beatriz.
—¿Con que tú me traicionabas?
—No señor, servia yo á mi bienhechora.
Don Pedro y Don Alonso se miraron entre sí.
—Luisa—dijo Teodoro—podeis retiraros si os parece mejor.
—Señor Don Pedro—esclamó Luisa—mañana enviaré á pediros por escrito vuestra resolucion acerca de nuestro enlace, y vos me dareis por escrito la que os pareciere mejor—y salió seguida de los que le acompañaban.
El lacayo preso en la silla de manos, dejó su lugar á la dama, y no se atrevió ni á reclamar su librea.
Cuando la comitiva llegó á la casa de la Sarmiento, habia una persona de mas. Era Teodoro que habia seguido á Luisa hasta las habitaciones de la bruja.
XII.
De lo que Luisa y Teodoro trataron y de lo que éste hizo después.
LA comitiva se detuvo en la puerta de la casa de la bruja. El Ahuizote pagó algo á los que le habian acompañado, y se retiraron llevándose la silla. Luisa y el Ahuizote entraron seguidos de Teodoro, á quien no habian visto hasta aquel momento, porque los habia seguido cautelosamente.