—¡El Bachiller! ¡su amigo, su protegido!—esclamó Teodoro espantado—¡imposible! Martin hubiera dado su vida por el Oidor.

—Así es en efecto; pero ese Bachiller ha muerto á Don Fernando, ciego por los celos, y sin conocerle; habia sido una escena preparada para que diese este resultado.

—¿Podeis referirme todo eso?

—Sí, que puedo, oid.

Y Luisa contó á Teodoro cuanto sabia, y cuanto habia inferido de la muerte del Oidor, por las relaciones de la Sarmiento y del Ahuizote.

El negro la escuchó con profunda atencion hasta que concluyó de hablar.

—¿Conque es decir—preguntó entonces—que vos no creeis que fué culpable ese Bachiller?

—De ninguna manera.

—¿Y vos le conoceis?

—Ayer le he visto aquí, que aquí está oculto, huyendo de la justicia.