—¿Podríais conseguir que hablase conmigo?
—Fácil será, si quereis bajar al subterráneo en donde está oculto.
—Bajaré si me conducís.
—Entonces esperadme.
Luisa dejó un momento solo á Teodoro, habló con la Sarmiento y volvió trayendo la bruja un candil encendido.
—Seguid á esta señora, y os guiará hasta donde podais hablar con el Bachiller.
—¿Es la señora Sarmiento?
—La misma—contestó la bruja.
—Por muchos años—dijo Teodoro, mirándola como si quisiera grabar profundamente en su memoria aquella fisonomía.
Bajaron por el caracol que conocemos, y la vieja se dirigió á la puerta de la bóveda en que estaba Martin.