—Quiero sacaros de aquí—continuó Teodoro—llevaros conmigo para que me ayudeis á perseguir y á castigar á los asesinos de Don Fernando.
—Pero Teodoro, si el asesino soy yo, yo el culpable.
—Vos no, Don Martin, vos no habeis sido, sino el instrumento ciego é inocente de esa maldad: hay una trama infernal que yo revelaré, porque yo lo sé todo.
—Una trama, ¿y cuál?
—Paciencia y prudencia por ahora; solo puedo deciros que ni vuestra María era infiel, ni el Oidor iba á visitarla, ni nada de todo aquello; que fué una comedia preparada para que diese el resultado que dió, y en caso de ser descubierta, vos resultarais el único culpable, y vuestros zelos dieran bastante causa al asesinato y no se buscaran otros motivos que pudieran comprometer á alguien.
—¿Conque María es inocente?
—Inocente, os lo aseguro.
—Cuánto os agradezco esta noticia—decia Martin casi llorando, y abrazando el cuello de Teodoro.
—Ahora, salid de aquí y vámonos.
—¿Pero la justicia?.........