—Pues en primer lugar cerrad la boca del subterráneo.

La Sarmiento cerró con llave la entrada.

—Ya está dijo.

—Bien, ahora como les falta aire y que comer, ellos acabarán sin que tengamos porque apurarnos.

—Pero eso será cosa de tres ó cuatro días, y en ese tiempo necesito yo entrar ahí.

—Podemos precipitar el lance, si gustais.

—¿Cómo?

—¿Hay alguna ventana ó claraboya, que dé para esos subterráneos?

—Sí, hay una, pero muy pequeña.

—No importa, enseñádmela.