—Madre—contestó el que esperaba.

—Dice vuestra señoría que trae órden de su Ilustrísima para hablar á solas con Sor Blanca.

—Sí que digo, y aquí está la órden.

—¿Podeis mostrárnosla?

—Aunque desconfianza es esa que ofenderme pudiera, por ser vos como sois, esposas de Cristo y retiradas del mundo, no se os puede tener á mal; tomad la órden del Señor Arzobispo.

El Corregidor puso un pliego en el torno, que jiró, y la monja que estaba en el interior tomó el pliego.

—Que sea permitido—dijo la monja en voz alta—al Señor Alcalde Mayor de la provincia de Metepec y Corregidor de esta ciudad de México, el Caballero de la Orden de Santiago, Don Melchor Perez de Varais, hablar á solas con Sor Blanca del Corazon de Jesus.

—Exactamente—dijo Don Melchor.

—Pero aquí agrega Su Ilustrísima, que debe acompañar al Señor Corregidor en esta visita, la señora su esposa Doña Isabel de Santiestevan, para que no cause escándalo al público ni á la Comunidad, el que una religiosa hable á solas con un mundano.

—Y aquí estoy, Madrecita—dijo la señora, que habia permanecido en silencio—yo soy Doña Isabel de Santiestevan, esposa de Don Melchor Perez de Varais.