Sor Blanca no era ya la niña tímida que hemos conocido en la casa de Don Pedro, era una jóven perfectamente desarrollada, el dolor y el llanto habian borrado los colores encendidos de su rostro, pero su palidez, el brillo casi febril de sus ojos y la sombra dulcemente azulada que rodeaba sus párpados, aumentaba el interes y la belleza de su fisonomía.

Don Melchor no habia soñado nunca que pudiera haber una muger tan hermosa y tan interesante.

Doña Isabel, á pesar de su sexo, encontró á Sor Blanca como un ángel.

—En verdad—dijo Doña Isabel—que se conoce que habeis llorado mucho en vuestra vida.

—Y tanto, señora, y tanto, que si el llanto fuera una redencion ante Dios, yo estaria ya libre en el mundo: Dios os libre, señora, de soñar siquiera una noche que estais en el convento contra vuestra voluntad, porque os ahogariais, es preferible ser emparedada.

—No digais eso—dijo Doña Isabel palideciendo.

—Sí, lo diré; porque entonces lo que llega es la muerte, lenta, pero llega, dos dias, tres, cuatro, ¡ay! ¿y qué son cuatro dias comparados con esta eternidad de sufrimientos, sin esperanza, sin esperanza; y un dia, y un mes, y un año, y otro, y lo mismo, y vivir en un sepulcro, sin esperanzas, sin ilusiones, sin amor, ¡sin amor! ha de ser muy hermoso el amor ¿es verdad?—dijo Sor Blanca como fuera de sí, tomando una mano á Doña Isabel—contadme por Dios, señora, ha de ser muy bello, amar, y ser amada, tener padres, ó hermanos, ó hijos, ó esposo, ó álguien que nos ame, ¡ay! yo nunca he tenido quien me ame mas que mi madrina Doña Beatriz, y esa murió tan pronto.

—¿Murió Doña Beatriz?—preguntó con interes Doña Isabel.

—¿La conocísteis? qué buena era; murió tres años despues de profesar, era tan desgraciada como yo, aunque no tanto, porque al fin consiguió su familia del Sr. Arzobispo que no se enterrara dentro del convento, y logró salir aunque fuera despues de muerta.

Aquel arranque probaba el grado de desesperacion en que vivia Sor Blanca; Doña Isabel miró á su esposo, y éste sacudió la cabeza murmurando entre dientes.