—Sí, vos sois rico, podeis encontrar una esposa noble y virtuosa y rica como Doña Blanca, si quereis, ó comprar tantas cuantas veces se os antoje mugeres ardientes y voluptuosas de mi raza, que á vuestro sabor podreis arrojar de vuestro hogar sin escrúpulo y sin remordimiento.
Don Melchor Perez de Varais habia quedado pensativo.
—Vaya—continuó Luisa—aun no teneis por qué apuraros, aun falta algun tiempo para esa separacion, aun tengo que arrastrar yo mas dias de los que quisiera, las negras ropas de la hipocresía; pero tengamos los dos paciencia y resignacion mientras llega el instante.
—Teneis razon, tengamos paciencia.
Luisa hizo una graciosa caricia á Don Melchor, y se entró para el interior de la casa.
—Es raro—decia el Corregidor—una muger que conozco su mala índole, y sus costumbres y sus instintos depravados, y que la amo tanto: aberraciones del corazon humano......... ¿Qué se ha de hacer? Vamos á visitar al Arzobispo, que es necesario trabajar para que este demonio encarnado del conde de Gelves, no acabe con nosotros y con su Ilustrísima.
III.
Como se conspiraba en el palacio del señor Arzobispo de México, en fines del año de 1623.
DON Melchor Perez de Varais entró al Arzobispado, y se encaminó á la cámara en que celebraba sus consejos el prelado.
El Arzobispo Don Juan Perez de la Cerna estaba allí en compañía de otras dos personas, y todas hablaban con tanto calor, que se conocia que de cosas harto graves é importantes se trataba.
Recibieron todos al Corregidor con muestras de grande cordialidad y aprecio, y continuaron su interrumpida conversacion.