—Acepto mejor la cantidad.
—Diez mil pesos, si lograis levantar al pueblo.
—¿Y en cuánto á mis amigos?
—Saldrán ganando el no ser perseguidos en lo de adelante como lo son hoy, y además tendrán por ganancia lo que pudieren ganar en el conflicto.
—Comprendo—dijo Garatuza—¿y en cuanto á los que tienen prision, sentencia ó causa pendiente por el virey?
—Todos ellos serán libres, y las causas quemadas.
—Conforme: ¿á quién debo dar cuenta de lo que ocurra y pedirle órdenes?
—A mí—dijo el licenciado Vergara—que sabeis que vivo en la calle á que el vulgo le da mi nombre.
—Muy bien—dijo Martin—¿ahora podré retirarme?
—Sí, Martin—contestó el Arzobispo.