Era el cuadro de la felicidad doméstica.
—¡Ola! Don Martin—dijo alegremente Teodoro saliéndole al encuentro y estrechando su mano—¿qué fortuna es veros por acá?
—No tanta, que mi ausencia antes y mi presencia ahora son motivadas por causas harto desagradables.
—¿Pero qué os ha acaecido?
—A mí precisamente, nada; pero los negocios del reino van tan mal.........
—¿Y creeis que seamos nosotros bastante poderosos á impedir que así sigan?
—¿Y por qué no?
—Somos muy débiles y muy pequeños.
—Nadie es débil ni pequeño cuando tiene el corazón grande y la resolucion firme.
—¿Y qué se ganaria con tener eso?