—Friolera, figuraos en el caso presente, con unos cuantos hombres como vos, yo me comprometeria á hacer que se variase el jiro de los negocios, y aun mas si cuento con vos, me comprometo á hacerlo.
—¿Y cómo hariais aun cuando contáseis conmigo?
—Escuchadme. Los negocios públicos van mal, y todos están disgustados: ¿es cierto?
—Verdad.
—Su Magestad, Felipe IV, pudiera cambiar la suerte de estos reinos con solo cambiarnos de virey: ¿es verdad?
—Cabalmente.
—Pero él no quiere y se empeña en sostener aquí al de Gelves, que Dios confunda.
—Y como nosotros nada podemos contra la voluntad del monarca, resulta que no tenemos mas remedio que sufrir.
—Os engañáis, todo el mundo dice lo mismo, y sin embargo, nada es menos cierto.
—¿Pues cuál es el remedio?