—Obliguemos á Su Magestad á cambiar de virey.

—¿Y cómo?

—Muy sencillamente, promoviendo una sublevacion por cualquiera motivo, todo el mundo nos seguirá y todos estarán con nosotros, desde la Audiencia y el Arzobispo hasta la jente mas pobre y mas infeliz.

—¿Y si no nos ayudasen personas de alta categoría?

—Si vos os comprometiérais yo os lo aseguraria.

—Si me lo asegurarais yo me comprometiera.

—Pero esto es un círculo vicioso en que no hacemos sino perder el tiempo: mirad, ¿no tendriais inconveniente en ayudarme con todo vuestro influjo entre la gente de color, para una sublevacion contra el de Gelves?

—No, si hubiera personas de respeto mezcladas en el negocio.

—Las hay; vengo de hablar con el señor Arzobispo y con la Audiencia, y ellos mismos me han invitado.

—¿Es verdad, eso?