—Por mi fé de cristiano.
—Entonces contad conmigo: ¿cuál es el plan?
—Preparar á la jente y á los amigos: el Arzobispo y la Audiencia darán el pretesto ó el motivo, principiará el alboroto y adelante; las cosas seguirán solas.
—Me parece muy bien pensado, contad con que os ayudaré.
—Y yo os pondré al corriente de lo que ocurra; entre tanto no hay que dormirse porque tal van los acontecimientos, que el lance puede ser mañana mismo.
—Estaré listo, descuidad.
Martin se retiró contentísimo, y Teodoro en vez de seguir en su trabajo se puso su sombrero y salió tambien á la calle.
Martin empleó el restó de la tarde en visitar á sus principales compañeros de aventuras y que estaban como en receso á causa de las terribles persecuciones del virey á toda la jente perdida: todos ellos acogieron con entusiasmo la idea de un motin, y cada uno de ellos se convirtió en ajente. La rebelion fermentaba sordamente y no se necesitaba mas que la chispa que encendiera aquel combustible.
Don Melchor Perez de Varais volvió á su casa, y Luisa le esperaba ya con impaciencia.
—¿Hablásteis al Arzobispo del negocio de Sor Blanca?