—La verdad es alma mia, que se me olvidó.

—Pasos llevais de no sacar jamás á esa desgraciada de la cárcel.

—Negocios tan graves tuvimos que tratar que tiempo nos ha faltado, y sin embargo, hay para vos una buena noticia.

—¿Cuál es?

—Sabeis que entre el virey y la Audiencia y el Arzobispo, median grandes y profundos disgustos; que el Arzobispo y la Audiencia tratan de recrudecer para dar motivo con ello á un tumulto.

—¿Y bien?

—Que uno de los pretestos será el de hacer creer al pueblo, que Don Pedro de Mejía ha monopolizado las semillas para ganar á costa de la miseria de la clase pobre: naturalmente la primera víctima será si hay un motin, Don Pedro de Mejía, y para hacer todo esto mas visible, ya al salir del Arzobispado me ha dicho su Ilustrísima, que se procurará medio de excomulgar á Don Pedro fijando su nombre en las iglesias.

—Muy bien.

—Como sabeis, el virey me persigue por la denuncia que se hizo de mí, imputándome que vendia la justicia en la provincia de Metepec, y luego por esa causa que ha mandado formar para probarle á la Audiencia que no puedo ser Corregidor de México y alcalde mayor de Metepec.

—Temóme, Don Melchor, que si antes de que estalle el motin sois aprisionado, ni se hará nada y vos las pagareis todas.