El licenciado Vergara se dirijió al Arzobispado, y Luisa quedó pensativa.
—Pobre Sor Blanca, esto viene muy mal para su negocio; mañana le avisaré. En cuanto á Don Melchor, si solo los hombres pueden entrar al convento, no creo que me sea muy dificil parecer hombre....... ya veremos, no será la primera vez.
VI.
Como Luisa dió unas malas noticias á Sor Blanca, y lo que ésta determinó hacer.
A LA mañana siguiente Luisa se presentó en el convento de Santa Teresa para hablar con Sor Blanca, y despues de algunas dificultades lo consiguió.
—Sor Blanca—le dijo Luisa—tengo que comunicaros una mala noticia.
Sor Blanca palideció horriblemente. Aquella jóven estaba de tal manera afectada, que todo lo que tuviera relacion con el negocio de su libertad, le hacia un efecto estraordinario.
—¿Y qué noticia es esa?—preguntó, pudiendo hablar apenas.
—Ayer mi esposo Don Melchor Perez de Varais, huyendo de la venganza del virey que le persigue por ser amigo del Arzobispo, ha tenido que tomar asilo en el convento de Santo Domingo.
—¿Y entonces?
—Entonces vos, pobre jóven, quedais por culpa del virey sin protector y sin amparo.