—¿Pero el señor Arzobispo nada hará?

—Oídme, Sor Blanca, no quiero engañaros: es preciso que procureis personas que hablen al Arzobispo, á fin de que pronto despache vuestro asunto: van corridos ya siete meses del término dentro del cual puede relajar vuestros votos: en estas turbulencias con el virey es muy fácil que os olvide, y en ese caso ya os podeis suponer lo que será de vos.

Sor Blanca con la cabeza inclinada lloraba.

—Señora—dijo—pero si no tengo mas amparo que Don Melchor, vuestro esposo. Mi hermano Don Pedro de Mejía se opone á que yo salga de aquí; es poderoso, tiene gran influencia con el virey, y si él llegara á saber que el Arzobispo tiene facultades de Su Santidad y que vuestro esposo me ha protegido, seguramente echaria por tierra todos nuestros planes, apoyándose en su valimiento. Esta es, señora, la razon de porque no puedo ocurrir á nadie, y porque temo tanto la publicidad.

—Y teneis razon: ¿qué haremos?

—Es para mí, señora, una sentencia de vida ó de muerte. De cualquier modo, yo saldré de el convento.

—Pronunció estas palabras Sor Blanca con tanta exaltacion y demostrando tan terrible fuerza de voluntad, que Luisa misma se admiró, y comprendiendo que la monja tenia ya tomada de tal manera su resolucion, que arrostraria por todo antes que permanecer en el convento.

—Haced lo que mejor os parezca, Sor Blanca—dijo—pero en todo caso os ruego que conteis conmigo.

Luisa se volvió á su casa, y Sor Blanca profundamente preocupada se dirijió á su celda.

—Es necesario—esclamó—es necesario salir de aquí, sí, saldré, y si al fin el Arzobispo relaja estos vínculos que yo por mi voluntad no he formado, mejor, si no, viviré ignorada, desconocida, pero libre, yo no tengo ya obligacion de estar aquí, el Pontífice ha dicho que si los votos me fueron arrancados por la fuerza y contra mi voluntad, sea yo libre, y nadie mejor que yo sabe cuánto esfuerzo me ha costado tomar el velo. La condicion del Papa está cumplida, y yo soy libre aunque mil obstáculos se pongan por los hombres: el derecho de salir de aquí me lo da Su Santidad, el verificarlo corre de mi cuenta, y será. Veamos qué tales están mis preparativos.