—Buenas noches, Felisa—dijo Sor Blanca, volviendo á cerrar por dentro la celda—¿qué te pasa?
—Madrecita, que todo está preparado ya, y esta misma noche nos podemos salir del convento.
—Pero ¿cómo? ¿de qué manera?
—Oígame su reverencia: ya su reverencia sabrá como yo soy hija del tio Nicolás; que el tio Nicolás es cochero del Sr. Arzobispo, que en el Arzobispado vivia yo con mi señor padre, y viniendo dias me pretendió uno de los señores colegiales que venian á ver á su Ilustrísima, creo que decia mi señor padre que para que los desaminaran, y como yo tuve que decirle que sí, y mi señor padre cayó en la cuenta, dispuso su merced meterme aquí de criada, porque me cojió en mi baul letras del colegial; y cierto y verdad que nos queriamos, pero no pasó de allí. Pues ha de estar su reverencia para saber que me encajó aquí mi señor padre, como su reverencia recordará, hace mas de cuatro años, y ni mas razon de mi colegial, hasta que hace cosa de ocho dias que supo su reverencia que habia sacristan primero nuevo y cátese su reverencia que voy viendo al sacristan nuevo, ¡y que ni mas ni menos que mi colegial! me conoció, me hizo señas, nos hablamos cuando me mandaban las madrecitas á llevar algunas cosas á la Iglesia, y él me dijo:—por qué no te sales y nos vamos, al cabo no eres monja.—y me convenció, y le dije yo que otra criada tambien queria salirse conmigo—no será monja—me preguntó—porque eso es de riesgo—no, le dije—es criada—bueno—me contestó—que salga; pero con la condicion que llegando á la calle, cada uno por su lado, y nosotros no pararnos hasta las Chiapas, en donde tengo unos tios.—Ya tenemos todas las llaves desde aquí hasta la calle, y en desta mañana me dijo—que esta misma noche á las doce nos esperaba en la Iglesia—conque alístese su reverencia.
—Tengo miedo.
—Tiene miedo, y hace mas de un año que no hace mas que platicarme de salirse de aquí y contarme lo bonito del mundo, ¡vaya esa era buena, que yo me saliera, y se quedara su reverencia! Pues si se desperdicia esta ocasion, no hay otra.
—Dices bien—dijo derrepente Blanca—van á ser las doce, ¿dónde están las llaves?
—Aquí las traigo.
—¿Las conoces y las has probado?
—No tenga vd. cuidado.