—Cierto, Exmo. Sr. Pero es necesario que V. E. una á la energía y justificacion, las precauciones necesarias para un caso estremo, porque segun he sabido no estarán satisfechos hasta provocar una sedicion y un gran tumulto.

—¿Lo creeis así?

—De creerlo tengo, cuando sus ajentes dia y noche caminan y trabajan; y lo que mas prueba su audacia, es el lance en que Don Melchor Perez de Varais ha hecho armas contra la justicia del rey nuestro señor, que muchos años goce, atropellando por todos respetos hasta tomar asilo en Santo Domingo.

Villano ha sido el comportamiento, qué poco valor muestra, y pocas señales de tener noble sangre, quien arremete con espada en mano contra pobres corchetes y alguaciles; que si armas llevaban serian unas malas espadas, ó unas varas de justicia.

—Y lo que notan algunos—dijo Don Alonso—es que la justicia pudo ver en los corredores de la casa de Don Melchor, cuando él escapaba, al Oidor licenciado Don Pedro Vergara Gaviria.

—Tambien es el tal Oidor—dijo el virey—uno de los mas ardientes conspiradores desde que le hice prender por sus desacatos; que nombrado por mi asesor quiso ser el virey, y su Majestad (que Dios guarde muchos años) tuvo por tan justa mi determinacion, que le condenó á pagar una multa de dos mil ducados, pero á fé de Marqués de Gelves que no jugarán mucho tiempo conmigo: ¿Qué leis, señor Secretario?

—«El acusador del Alcalde de Metepec, Don Melchor Perez de Varais, ha presentado queja á los jueces del negocio, diciendo: que desde el convento en que está retraido el dicho Alcalde, prepara su fuga y viaje á España por haber sabido que se le ha sentenciado á pagar sesenta mil ducados, y ofrecen prueba.»

—¿Y dice lo que hayan proveido los jueces?

—Hanse mandado poner guardias en el Convento para evitar la fuga del reo.

—Y no se irá: ¿qué horas teneis?