—¡Teodoro!

El negro se volvió con viveza y se acercó á ella.

—¿Quién sois, señora?

—Teodoro—dijo Blanca—¿has olvidado ya á Doña Beatriz de Rivera?

—¿Seriais acaso?—dijo Teodoro temblando, como si la misma Doña Beatriz se le hubiera aparecido.

—A tí no te lo ocultaré porque eres bueno y tienes el corazon grande, y tú sí no me venderás: soy Doña Blanca de Mejía.

Y Blanca se apartó el velo.

—¡Doña Blanca! ¡Doña Blanca! la ahijada de mi ama ¡pobrecita! La otra víctima de Don Pedro y de Don Alonso. ¿Pero habeis huido del convento.........?

—Sí, Teodoro, y no tengo un asilo.........

—Cómo que no; ¿pues habeis creido que yo vivo en las plazas? mi casita tengo, y para allá nos vamos en este momento.........