—Pero me persiguen, quizá te comprometas por mí.

—¿Comprometerme? No os encontrarán en mi casa, y además, ¿qué me importa, no estais en la desgracia? vaya, niña, venid, venid.

—¿Y la Inquisicion.........?

—No tengo yo miedo á nada en el mundo. Vámonos.

Y Teodoro se atrevió á tomar á Blanca de una mano para levantarla del asiento.

Blanca comenzó á seguir á Teodoro y muy pronto llegaron á la casa de éste, que era cerca de San Hipólito.

La muger de Teodoro le miraba llegar á la casa con una tapada.

—¿Qué será esto?—pensaba la negrita.

—Sérvia—le dijo su marido—esta señora es mas que si fuera nuestra ama, es casi la sombra de Doña Beatriz, y viene á vivir con nosotros, cuidala y quiérela mucho: que nadie sepa que está aquí.

Sor Blanca entró en la casa de Teodoro, recibida como una persona de la familia que volviera de un largo viaje, inmediatamente le destinaron una bonita habitacion que tenia para la calle una hermosa ventana.