Llamaron á su puerta, y el Bachiller se levantó.

—Calle—dijo—me he dormido á las dos y son horas ya de las oraciones—¡adelante!

Habian vuelto á llamar. Teodoro entró con la gorra en la mano.

—Teodoro, ¿tú aquí? ¿qué manda mi señora Doña Beatriz?

—Mi ama, señor, me manda deciros que os sirvais avisar inmediatamente al señor Oidor Don Fernando de Quesada, que por el amor que la tiene, se guarde, porque en esta noche se tiene concertado el asesinarlo.

—¿Asesinarlo? ¿pero quién, cómo, en donde?

—Creo que mi ama tambien lo ignora, porque si no, me hubiera dicho que os lo dijera, para evitar el golpe.

—Pero Don Fernando creerá que es una conseja; ¿por qué Doña Beatriz ni aun escribió?.........

—Don Fernando os creerá, señor, porque para eso me manda deciros mi ama que os envia esta sortija que mostrareis por seña al señor Oidor.

—¿Pero á tí nada te encargó para evitar una desgracia?