—¡El Ahuizote! ¡el Ahuizote!—yo recuerdo ese nombre.
—Tal vez le haya conocido en otro tiempo Su Señoría.
—Puede, ¿con que es muy útil?
—Para todo.
—Pues va ya á necesitarse pronto porque el virey me exige que le envie al notario que en esta tarde fué á notificar al secretario de la Audiencia.
—¿Y qué hará Su Señoría Ilustrísima?
—¿Qué puedo hacer? entregarle, pero esto dará el motivo que se necesita para poner el entredicho y excomulgar al virey.
—¡Excomulgarlo!—esclamaron á un tiempo Luisa y Don Melchor.
—Sí, ya vereis que naturalmente van para allá las cosas y muy pronto.
—Y nosotros entre tanto ¿qué haremos?