—No, muy cerca de aquí, y á un lado del monasterio de San Francisco.

—Vamos.

Teodoro refirió á Blanca y á Sérvia lo que le habia contado Garatuza, y todos se dirijieron á la casa de éste, adonde llegaron á pocos momentos.

En la casa de Garatuza no estaba mas que la muda María, todavía jóven; pero mas bella y mas graciosa que antes, y un niño, hijo de ella y de Martin, hermoso como un ángel y que podia tener unos cinco años.

¿Cómo habia vuelto á unirse María con Martin? La cosa es muy fácil de comprender.

Martin al salir de la casa de la Sarmiento, en donde estuvo oculto por la muerte del Oidor Quesada, estaba ya convencido de que él y el Oidor, y Doña Beatriz y María, habian sido víctimas de una infernal comedia preparada por la Sarmiento: buscó á María y cuando esta salió en libertad, por no habérsele podido probar culpabilidad alguna en la muerte de Don Fernando la volvió á llevar á su lado, y la trató en lo de adelante con mas cariño que antes.

Teodoro y Garatuza permanecieron como media hora en la casa de éste, y luego dejando allí á Sérvia y á Blanca se dirijieron á ver lo que habia pasado con la justicia en la casa de Teodoro.

Desde una esquina ocultos en la sombra estuvieron observando, y cuando ellos llegaron allí, el alcalde, la ronda, el virey y Don Cesar habian salido, y solo quedaban dentro el comisario y los alguaciles del santo oficio que á poco rato salieron de la casa y pasaron casi rosándose con Teodoro y con Garatuza.

El comisario decia á uno de los familiares:

—Si roban la casa por haber quedado abierta, culpa será de los del virey............