El virey no hubiera descendido hasta prender personalmente á un hombre, pero era muy natural que viéndole tan cerca, y teniendo á mano á la ronda, hubiera dado la órden para prenderle, y así sucedió; y Teodoro que iba completamente desprevenido se encontró á pocos momentos rodeado de alguaciles, y conducido á las cárceles de palacio.

Garatuza y todas las mugeres de la casa, pasaron la noche mas inquieta esperando á Teodoro.

Martin salió varias veces con objeto de averiguar su paradero, y lució por fin la mañana sin que nada hubiera podido saber.

En esa misma mañana Don Cesar supo en el palacio que en la noche anterior, habia sido conducido á las cárceles el pobre Teodoro, y que el virey estaba dispuesto á hacer con aquel hombre uno de los ejemplares que acostumbraba, mandándole ahorcar en medio de la plaza.

Don Cesar conocia el carácter inflexible del marqués de Gelves, y no concebia ni la mas remota esperanza de salvarle, porque todo el mundo le señalaba como al hombre mas peligroso entre los negros y la gente de color, y en aquellos tiempos una sublevacion de la gente de color ó de los indios hacia estremecer á todo el inundo.

—¿No cree V. E.—dijo Don Cesar al virey afectando la mayor naturalidad—que el preso de anoche pueda hacer algunas revelaciones importantes?

—Lo dudo—contestó el virey—pocas veces se consigue saber nada en los juicios.

—Pero quizá el temor de la muerte.

—No lo creais, porque todos convienen en que este preso es hombre de una resolucion indomable, y de una energía verdaderamente salvaje.

—Quizá con buen modo podria sacársele algo.