—¿Pero quién vá á probarlo?

—Yo, si V. E. me lo permite.

—¿Y por qué no? ¿Teneis alguna esperanza?

—Sí tengo, que le conocí, siendo yo muy jóven y puede muy bien suceder que alcance yo algo de él.

—Bien, id á probar, y aquí tenis una órden.

Y el virey con su misma mano puso su sello en un papel, y escribió con su puño y letra la órden para que se permitiese á Don Cesar hablar con Teodoro que estaba rigurosamente incomunicado.

Don Cesar guardó la órden bajo de su ropilla, y se dirijió á la cárcel en busca de Teodoro........................

Don Pedro de Mejía y Don Alonso de Rivera, conversaban en la casa del primero en la misma noche en que acontecia la prision de Teodoro.

—En verdad—decia Don Pedro—que mi situacion no puede ser mas espantosa y no me queda mas recurso que realizar aquí todos mis intereses, aunque sea con gran pérdida, y marcharme á España.

—No calculo yo que sea la cosa tan urgente, y tan mala, como la quereis suponer.