Todo se hacia en medio del mas profundo silencio.

Cuando las tres mugeres estuvieron dispuestas, los ministros de la inquisicion recogieron cuantos objetos les parecieron sospechosos, y cerrando la casa, y poniendo en las puertas los sellos del Santo Oficio, se encaminaron para la inquisicion llevándose presas á María á Servia y á Doña Blanca.

Así llegaron hasta las puertas de la cárcel del Santo Oficio sin haber encontrado en las calles á una sola persona.

Blanca fué encerrada en un estrechísimo calabozo, en donde no habia ni una silla, ni un banco, ni nada enteramente, ni siquiera un monton de paja.

La pobre jóven se sentó en el suelo y comenzó á llorar con desesperacion................

Los curas, los vicarios y todos los clérigos de la ciudad de México, aplaudieron y publicaron á porfia la excomunion del virey y de los oidores, volvió á tocarse el entredicho y volvió la alarma y la inquietud en la ciudad.

Con la salida del Arzobispo quedó necesariamente como centro de toda la conspiracion, Don Pedro de Vergara Gaviria, y ya con el pretesto de la excomunion se propagaba mas descaradamente el fuego de la rebelion.

Los pasquines y los libelos infamatorios llovian por todas partes; en las esquinas, en las puertas de Catedral, en las de palacio, y en las mismas casas de los oidores: Don Pedro de Vergara Gaviria les animaba y les exaltaba.

Pero el último paso que faltaba que dar, era dividir á la Audiencia del virey y hacer que se chocasen entre sí, y Don Pedro de Vergara comprendió que aquello era muy fácil.

Los oidores que habian decretado las medidas estremas tomadas contra el Arzobispo, estaban espantados de su obra. La excomunion y el entredicho habian hecho en ellos un efecto terrible, y Don Pedro de Vergara Gaviria tuvo muy poco trabajo para convencerles y arrancarles la revocacion del auto dado contra el Arzobispo, y la órden para que éste pudiera volver á la ciudad. Pero el virey no dormia. Inflexible en sus resoluciones y convencido de que la vuelta del Arzobispo seria para él un golpe terrible, entró á la Audiencia con objeto de impedir la publicacion del auto en que se mandaba volver al Arzobispo, pero era ya tarde; Don Pedro de Vergara habia hecho estender del auto dos ejemplares originales, uno que se quedó en la Audiencia, y otro que tuvo él cuidado de llevarse, y cuando el marqués de Gelves se presentó en la Audiencia ya Don Pedro de Vergara Gaviria se habia retirado.