El virey furioso declaró que aquel auto, y aquella órden en que se mandaba volver al Arzobispo debian de haberse consultado con él, y debian haber sido dados con su acuerdo porque se trataba de un negocio importante á la gobernación del reino, en la que él era el solo competente, y de la cual era el solo responsable.
Los oidores se disculparon pero no quisieron ya volver á revocar la órden en que se mandaba volver al Arzobispo.
El virey declaró formalmente presos en palacio á los tres oidores, y á dos de los relatores de la Audiencia.
XVII.
El gran tumulto de México.
EL Arzobispo habia llegado en su viaje hasta el pueblo de San Juan Teotihuacan, y allí recibió, por conducto de sus amigos, la órden de la Audiencia para que se volviese á México; pero aquella órden no hubiera sido acatada ni obedecida por el alcalde Don Lorenzo de Terrones y por Don Diego de Armenteros, encargados de su custodia y conduccion, y el prelado creyó mas prudente no mostrar aún aquella órden, pero sí conservarla consigo.
Don Pedro de Vergara Gaviria hizo llegar á manos de el prelado, una esquela en que le decia sencillamente:
«Procure por cualquier motivo su Señoría Ilustrísima no alejarse.»
«Don Pedro de Vergara Gaviria.»
El Arzobispo comprendió cuánto esto queria decir, y determinó llevar adelante el consejo.
Durmió en la noche en San Juan Teotihuacan, y á la mañana siguiente á la hora de comenzar su marcha se metió violentamente á la iglesia, y subiendo las gradas del presbiterio tomó en sus manos la custodia que estaba en el altar, y se volvió á sus guardas diciéndoles.