—Vamos señor, vamos, ya no es posible escusarse, vos nos habeis traido á este terreno, y vos mismo podeis comprender qué será de la ciudad si las cosas siguen, y falta una cabeza que dirija, un brazo que enfrene á esa multitud.
—Pero...
—Nada de obstáculos, todavía ahora es tiempo, quizá dentro de poco ya no lo será. Vamos.
Y Martin casi á fuerza sacó á Don Pedro de Gaviria de su casa.
—Me vais á perder, me vais á perder—repetia el Oidor en medio de las atronadoras esclamaciones con que fué recibida su presencia.
Don Pedro vacilante y pálido llegó hasta la puerta de palacio, allí se adelantó solo, llamó, le abrieron, penetró en el interior y la puerta volvió á cerrarse despues pesadamente.
Los sediciosos quedaron en espectativa del resultado que daria aquella conferencia del Oidor Don Pedro de Vergara Gaviria con el marqués de Gelves.
Se habian suspendido las hostilidades...........................
XVIII.
Como siguió el gran tumulto de México.
DON Pedro de Vergara Gaviria subió las escaleras de palacio y en busca del virey, mas bien con el deseo de observar el número y el ánimo de los defensores, que con el de procurar el remedio del tumulto.